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Superar las violencias: mujeres que se organizaron para sobrevivir

Elena, santafecina, estuvo 18 años en situación de prostitución, sumida en lo que denomina “todas las violencias en una”.

Fundó la organización Mujeres en Actividad, desde donde ayuda a personas que afrontan las mismas experiencias que ella superó y narró en dos libros: ‘Yo elijo contar mi historia’ y ‘Después, la libertad’.

Ella se autodenomina como “extremadamente abolicionista” (no considera que la prostitución sea un trabajo) sin eufemismos: para ella, los “mal llamados clientes” son “prostituyentes o, directamente, violadores”.

Además, remarca que “prostitución y trata son dos caras de la misma moneda”.

“No somos pobrecitas, sino mujeres que hemos atravesado todas las violencias en una, que es la prostitución. Es más compromiso mirar a la otra, al otro, con empatía, porque esto es muy doloroso”, consideró Moncada en una entrevista con Télam.

En su primer libro, que presentó en Argentina, Chile y Uruguay, dio su visión abolicionista de la prostitución, a la que le negó el carácter de “trabajo sexual”.

“Empezamos a hacer acompañamiento a mujeres víctimas de violencia de género, a visibilizar y prevenir”, dijo Verónica Castillo.

“Empezamos a hacer acompañamiento a mujeres víctimas de violencia de género, a visibilizar y prevenir”, dijo Verónica Castillo.

“Una naturaliza la prostitución, porque decimos: ‘es lo que nos tocó’. Está naturalizado el mundo de la prostitución, cuando una se aleja un poquito y mira desde la vereda de enfrente te encontrás con que fueron violaciones sistemáticas hacia los cuerpos prostituidos”, añadió.

“Hay que anestesiarse para no sentir”, dijo en referencia al consumo de drogas.

Al ampliar su visión abolicionista explicó que no considera la prostitución como un trabajo por una razón sencilla: “No queremos ni a nuestras hijas ni a nuestras nietas paradas en las esquinas, esa es nuestra postura. Tenemos desde niñas de 12 años hasta mujeres de 72” en esa situación.

Moncada fundó “Mujeres en Actividad” en el 2009, a su retorno a Santa Fe desde Buenos Aires, con la idea de “empoderar a las compañeras” y realizar campañas de prevención de enfermedades de transmisión sexual, un tema por el que es crítica de las políticas que se llevaron adelante desde el Estado.

“Siempre hubo programitas que duran cuatro meses, te dan unos pesos. Eso no ayuda a empoderar a nadie, en cuatro meses todo eso se cae y no queda nada, esa es la experiencia que tenemos desde hace 11 años”, opinó.

No somos pobrecitas, sino mujeres que hemos atravesado todas las violencias en una, que es la prostitución. Es más compromiso mirar a la otra, al otro, con empatía, porque esto es muy doloroso

ELENA MONCADA

En ese sentido, dijo que “se necesitan políticas públicas concretas, que la gente se concientice, porque la piba no está en la esquina porque le gusta, porque es más fácil o no quiere estudiar o trabajar: es por falta de oportunidades”.

Sostuvo que milita el abolicionismo porque “no es cuestión de decir: ‘le tengo lástima a la piba porque está en la esquina, porque no tuvo estudios, o porque fue violada de niña. No, la realidad es que la prostitución es pobreza pura, pobreza total”, remarcó, y sostuvo que el Estado debe profundizar los programas a través de los cuales “las compañeras pueden terminar sus estudios” y a partir de eso “poder pensar en conseguir trabajos dignos, que es lo que se necesita”.

La escritora Susana Ibáñez, quien colaboró con Moncada en la redacción de su segundo libro, rescata la importancia de los talleres que brinda en las escuelas y su convicción de que “la violencia de género puede prevenirse con una buena implementación de la Educación Sexual Integral”.

“Una vez me dijo que le costó darse cuenta de que era sujeto de derechos. Le habían hecho creer que no servía para nada y que todo lo que tenía se lo debía a un hombre. Me explicó que en la trata y la prostitución las cadenas pueden atarte a la cama o atarte el pensamiento”, resumió la autora de “La vida al ras del suelo” a Télam.

Elena Moncada y Verónica Castillo son sobrevivientes de violencia de género que encontraron la forma de ayudar a otras mujeres.

Elena Moncada y Verónica Castillo son sobrevivientes de violencia de género que encontraron la forma de ayudar a otras mujeres.

Verónica Castillo fue víctima de un intento de femicidio a mediados de 2018 en Jujuy por parte de su expareja, quien le efectuó cinco disparos con un rifle calibre 22. Hoy encabeza la Agrupación Latidos Unidos en Red (ALUR), integrada por más de 70 profesionales y activistas del país. De forma gratuita brindan acompañamiento terapéutico y asesoría legal a víctimas de violencia de género.

En abril de 2018, Verónica se separó de Gustavo Isidro Garzón, padre de su hija, tras ocho años de convivir junto a los padres de él en la localidad jujeña de San Pedro. Luego de la separación, Garzón convenció a Verónica de que dejase con él a su hija y ella se trasladase con su madre a Tafí Viejo, Tucumán.

En la medianoche del 29 de julio, cuando Verónica fue de visita, Garzón comenzó a insistir con la reconciliación (no era la primera vez) y, ante la negativa, intentó abusarla.

Convoqué a quienes conocía por mi trabajo de acompañamiento terapéutico y se sumaron colegas de Santiago del Estero, Catamarca, Chubut, Jujuy, Buenos Aires, Santa Fe, La Pampa, Salta, y mujeres que atravesaron situaciones similares a la mía

VERÓNICA CASTILLO

Verónica le dijo que volviera otro día, pero “al salir de la vivienda, apareció con la escopeta con la que me efectuó los cinco disparos”, recordó.

Garzón le apuntó a la cabeza y disparó, pero la bala no salió, entonces comenzó a golpearla con la escopeta. Los padres del victimario, que estaban allí, intercedieron y frenaron el ataque.

Cuando le dieron el alta médica, quiso viajar a Tucumán con su hija. Sin embargo, la trabajadora social de la Secretaría de Paridad de Género que la atendió era familiar de su ex y obstaculizó el proceso.

“El momento en el que hice el clic fue cuando la abogada de la Secretaría de Paridad de Género me bloqueó en el teléfono. Ahí tuve un intento de suicidio”, apuntó. Esa situación fue cuando impulsó el surgimiento de ALUR.

“Convoqué a quienes conocía por mi trabajo de acompañamiento terapéutico y se sumaron colegas de Santiago del Estero, Catamarca, Chubut, Jujuy, Buenos Aires, Santa Fe, La Pampa, Salta, y mujeres que atravesaron situaciones similares a la mía”, relató.

“Empezamos a hacer acompañamiento a mujeres víctimas de violencia de género, a visibilizar y prevenir”, describió la mujer, también militante del Ni Una Menos Tucumán.

ALUR cuenta con un perfil de Facebook a través del cual mujeres de cualquier punto del país pueden dejar un mensaje u obtener un número de WhatsApp. Luego se hace el contacto con alguna integrante de la red que la asesore.

“Estamos cumpliendo un año. Somos cerca de 70 quienes trabajamos y en red con organizaciones como Juanita Moro en Jujuy”, resaltó.

El 13 de mayo pasado, Garzón fue condenado por el Tribunal en lo Criminal Nº 2 de Jujuy a 17 años de prisión por “homicidio agravado por el vínculo de una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género y por el uso de arma de fuego en grado de tentativa”.

El juicio se celebró como el primero del país de manera virtual e interprovincial en el marco de la pandemia.