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Gordas versus flacas: esa incómoda y dolorosa guerra inexistente

El jueves la modelo y cantante Oriana Sabatini subió a sus redes sociales un video que generó millones de comentarios y reproducciones. Flaca, alta, lánguida, hegemónicamente bella, la hija de Catherine Fulop Osvaldo Sabatini se expuso en su cuenta. Se expuso en bombacha y sin filtros. Mostró cómo luce su cuerpo y contó por qué durante muchos años odió su imagen.

Las reacciones fueron muchas. Personas felicitándola porque se animó a mostrarse «tal cual es», otras señalando que como tiene un cuerpo flaco no debería apropiarse de una causa que no es suya (la militancia gorde), gordas enojadas porque se agarra un rollo de «grasa» inexistente en las imágenes, flacas enojadas porque ella no debería hablar de amor propio ya que entra perfecto en los estereotipos de belleza.

Enojos, elogios, banderas, gritos, videos reacción, miles de posteos que respondieron al suyo, decenas de notas en los medios de comunicación que decían cualquier cosa. Con este tema pasó de todo y esta nota busca dar un poco de claridad a tanta ensalada de conceptos, ideas y militancia feminista.

Para charlar de gordoodio, del trastorno alimentario de Oriana, de la panza plana de Jimena Barón o de los rollos de alguna influencer gorda, tenemos que empezar por el principio.

Vivimos en un país en el que 9 de cada 10 personas que sufren trastornos en la alimentación, son feminidades. Este dato no es menor y deja muy en claro que si bien el sistema en el que vivimos es gordoodiante, cuando sos mujer, la cosa se complica el doble.

¿Pero es lo mismo una chica flaca que sufre un trastorno que una chica gorda? ¿Viven las mismas violencias? ¿Está bien que se quejen? ¿Está mal que lo cuenten? 

Para responder a todas esas preguntas, Filo.News entrevistó a la licenciada en nutrición Jesica Lavia y autora, junto con quien escribe esta nota, del libro de nutrición con perspectiva de género «Pese lo que pese«, y a Agustina Cabaleiro, en sus redes @onlinemami, influencer de moda y activista.

El mismo género, ¿el mismo dolor?

Cuando terminamos de escribir el libro una cosa me quedó muy clara: podemos ser distintas y venir de lugares diferentes, podemos no concordar ideológicamente y hasta ser opuestas, pero si somos feminidades, algún que otro rollo (cuac) con nuestro cuerpo tenemos.

Es cierto que no es lo mismo ser mujer que ser mujer y gorda, así como tampoco es lo mismo ser mujer, gorda y pobre o ser mujer, negra y pobre, o gorda, negra y pobre y las miles de combinaciones que le podemos hacer a la mala suerte de nacer feminidades en este mundo del horror, pero que estamos todas un poco en la misma, no hay dudas.

Cuando nos sentamos con Jesica Lavia a pensar a quién le íbamos a hablar a la hora de escribir sobre este tema en el libro, una de las dudas fue: «¿Y a las chicas que son muy flacas y también la pasan mal no les hablamos?». Resolvimos que le hablábamos a todas, aunque hiciéramos mucho más hincapié en los cuerpos gordos y el problema que tiene este mundo con la grasa en general y con la «femenina» en particular.

Así, a medida que fuimos redactándolo, nos topamos con que son muchísimas las chicas que desde adolescentes comienzan a experimentar trastornos en la alimentación, sean o no sean «gordas».

Acá tenemos que hacer un parate porque «¿qué es ser gorda?» es algo hay que preguntarse. Si bien no tiene una definición exacta, desde el sistema de salud, con la famosa tabla del Indice de Masa Corporal (IMC), se encasilla a las personas en sobrepeso (mayor de 25 ) y obesidad (mayor a 30 ).

A partir de esa base, es que también hablamos de gordura. No alcanza con sentirse gorda para serlo, aunque tu espejo diga lo contrario. Si tu peso indica que no tenés sobrepeso, ese sobrepeso no está. Lo que si está, en muchísimos casos, es un trastorno alimentario que hace que veas a tu cuerpo distorsionado y es justamente de eso que quiso hablar Oriana Sabatini en su posteo.

«Haber pasado de anorexia a atracones no la exime de esta enfermedad. Simplemente cambió el modo de llevarla. Ella cuenta en primera persona su experiencia. Cuenta cómo pasa dos días sin comer si tiene que hacer, por ejemplo, una producción de fotos. Entonces, así como nadie nace odiando su cuerpo y es un aprendizaje, es una conducta aprendida. El amor propio también es un aprendizaje y también es algo interesante para que empecemos a construir», explica la nutricionista.

El body positive, movimiento que busca interpelar a cuerpos fuera del estereotipo, esconde entre sus declaraciones algunos conceptos que no cierran. La bandera del amor propio que levanta este movimiento no tiene solo una lectura y se complejiza a medida que se pone en práctica. ¿Es posible amarse tal como somos si el mundo rechaza de forma tajante a la gordura en todas sus formas? ¿Cómo hacemos para aceptarnos si el afuera nos rechaza y somos, ante todo, seres sociales?

Desde el activismo gorde muchas levantan la bandera del amor propio como una posible solución pero advierten que tomárselo demasiado en serio puede ser un error ya que, otra vez, la responsabilidad recae sobre nosotres y no sobre la sociedad gordodiante en la que vivimos.

«Nadie nace odiando su cuerpo. Odiar nuestro cuerpo es una conducta aprendida, como aprendemos con el entorno. Lo aprendemos en la cultura en la que vivimos, con las cosas que se reproducen en las redes sociales, en los medios de comunicación, en el entorno más íntimo familia, amigos, escuela, los grupos de pertenencia», indica la nutricionista.

Ese gran poder de influenciar

Pero ¿qué pasa cuando una figura influyente como Oriana Sabatini habla de estos temas? ¿Ayuda, sirve, suma? ¿Por qué se mezcló todo y se terminó hablando de amor propio y gordoodio?

Como aseguramos arriba, no es lo mismo ser mujer que ser mujer y gorda. Partir de esa base es necesario para poder debatir con argumentos válidos. La interseccionalidad dentro de los feminismos es no sólo clave sino necesaria. Las feminidades no somos iguales, no hay una sola feminista y todes estamos atravesades por distintos, muchos o pocos, privilegios.

«Lo que sufrimos todas las mujeres o todas las que se reconocen femeninas, es el patrón de belleza que tenemos que respetar sí o sí a rajatabla. Este incluye muchas cosas donde ser flaca es una de las principales reglas», explica Agustina.

«En realidad hay muchas más tipo no ser vieja, no tener estrías, no tener celuitis, depilarte, tener la piel suave, tener el pelo largo, estar peinada, estar maquillada y un sinfín de cosas a las cuales todas tenemos que atenernos justamente por ser mujeres o porque el sistema nos reconoce mujeres. Pero el gordoodio es específicamente en contra de la gente gorda y eso hay que aclararlo», agrega certera Cabaleiro.

Es que sí. Las violencias sufridas por ser una persona gorda en este planeta son muy específicas y distintas a las que pueden vivir muchas feminidades por no sentir que encajan en la norma. El estereotipo de mujer hermosa, esa imagen que ni siquiera sus protagonistas alcanzar ya que hasta a sus fotos las retocan con photoshop, engloba muchas exigencias, no sólo la delgadez.

Por esa razón, cuando el posteo de Oriana explotó en las redes, referentes del activismo gorde en nuestro país, sintieron la necesidad de aclarar algunas cuestiones. No es lo mismo ser gorda que no serlo, no es lo mismo un trastorno alimentario que la discriminación que sufren quienes viven atravesades por las violencias.

«Esto es tan importante. Porque ella tiene algo así como 5 millones de seguidores en sus 5 millones de seguidores hay muchísimas personas que están sufriendo lo mismo y que quizás con este posteo se sintieron menos solas. Quizás pudieron mandarle un mensaje a una amiga, a su mamá, a su hermana, a quien sea», explica la nutricionista.

«Me parece fundamental, pero tiene que ser con responsabilidad ya que en las redes hay libertad y el discurso de mi cuerpo, mi decisión es súper respetable, pero también siendo comunicadores y teniendo un montón de personas que nos siguen y que nos escuchan, es clave ser responsables en qué y cómo se habla de estos temas», advierte Lavia.

Y acá podemos nombrar a la cantante Jimena Barón, que si bien fomenta una buena alimentación también muestra su adicción al ejercicio físico. Y el culto a un cuerpo terriblemente trabajado puede terminar en, por ejemplo, vigorexia, un trastorno psicológico que genera una disforia en la imagen corporal.

O quizás referirnos a la influencer Jimena Frontera, que milita en contra del gordoodio siendo visiblemente hegemónica y crece a pasos agigantados en sus redes sociales bajo el lema del amor propio.

«Muchas veces las influencers escapan un poco esa responsabilidad. Hay muchas que tienen un discurso súper bello pero hay un montón que no. Que se aprovechan del público que tienen o que dicen cualquier cosa sin fijarse quién puede estar leyendo el otro lado y sumando para un lado que no está bueno. Mientras más gente te mira, tenés más responsabilidad para hablar sí o sí en ciertos temas, porque no podemos obligar a nadie a hablar de lo que no quiere hablar, pero sí exigir que chequeen cómo se enuncian ciertas cosas y qué banderas te colegas cuando haces ciertas cosas», refuerza Cabaleiro.

Una de las críticas que sucedieron cuando Oriana subió su video fue que en el mismo ella gira y agarra un rollo «inexistente». Ese pequeño gesto enojó a muchas feminidades gordas y se vio reflejado en muchos de los comentarios del posteo. Para Lavia, eso que puede haber parecido una exageración y casi una «falta de respeto» hacia los cuerpos gordos, es una muestra más de este tipo de trastornos.

«Hay una aclaración sobre el video de ella que me gustaría hacer. Me parece importante entender que ella tiene una distorsión de su imagen corporal, producto también de estos trastornos alimentarios. Su distorsión de imagen corporal la lleva a los trastornos alimentarios y los trastornos alimentarios retroalimentan esa distorsión. ¿Es un huevo o la gallina? Ese rollo inexistente es parte de esta enfermedad y de lo que ella y muchas mujeres atraviesan», aclara la nutricionista.

¿Guerra entre flacas y gordas?

Al principio, el mensaje de concientización de Oriana se licuó y pareció un ida y vuelta entre el activismo gorde y personas víctimas de trastornos en la alimentación.

Pero a medida que pasaron los mensajes, las historias y las publicaciones, el tablero se acomodó y quedaron claras algunas cosas en toda esta ensalada de violencias y privilegios: la interseccionalidad dentro de los feminismos es fundamental.

Estamos expuestes a una serie de exigencias y dolores que tienen que ver con la apariencia y la belleza respecto a nuestro género y si bien la gordura es protagonista de estos miedos, no todas las feminidades sufren lo mismo.

Porque si de mambos con nuestro cuerpo hablamos, todes en algún momento de nuestra vida, caímos en esa. No comer para entrar en un vestido, para tener una cita, para poder encajar en lo que se espera que seamos.

«Creo que el activismo gorde es una causa súper importante y súper noble que nos están enseñando mucho y que nos están haciendo abrir los ojos. Por lo menos a mí, como profesional de salud, me ayudó muchísimo en ampliar mi visión, trabajar la salud integral desde la diversidad corporal», aclara la especialista.

«Yo no creo que Oriana se haya metido en esa temática, sino que, puntualmente, trata otra problemática relacionada con los cuerpos que tiene que ver y que son los trastornos alimentarios. Lamentablemente, en una sociedad que estereotipa y que tiene una norma y que busca encajar cuerpos en determinados patrones y en determinados cánones de belleza, puede muchas veces mezclarse todas las cuestiones. Pero creo que es muy diferente lo que hace Oriana a muchísimas influencer que sí se cuelgan quizás de, por ejemplo, del activismo gordo, del body positive con bajadas de línea peligrosas», sostiene Lavia.

Por su parte, Cabaleiro reflexiona que el debate sobre ser una persona gorda en este mundo es mucho más profundo que un posteo en las redes ya que la discriminación social es sisemática. «Hay una discriminación por ejemplo a nivel sistema que es enorme y va mucho más allá de los trastornos. Hay negligencia en el sistema de salud sobre este tema y eso es peligrosísimo. Esa es, por ejemplo, una opresión que la gente flaca no sufre», expresa la activista.

«No es gordas o flacas, no es que nosotras tenemos razón y ellas están mal. Nosotras podemos hablar de cosas que ellas no pueden. Es simplemente eso. Pero la realidad es que nos afecta a todas y todas tenemos que hablarlo, porque si no lo hablamos todas, realmente no se va a acabar el sistema, no se va a terminar esta belleza hegemónica como último objetivo de nuestra vida como feminidades», indica.

«Obviamente hay gente que tiene experiencias distintas porque hay gente que tiene privilegios y gente que no tiene esos privilegios. Entonces sus miedos, sus vivencias y todo lo que experimentar es distinto. Pero todas podemos hablar de amor, de amor propio, del feminismo, del empoderamiento y de cómo nos afecta la belleza hegemónica», cierra Cabaleiro.

«Yo creo que todes estamos aprendiendo y que equivocarse también es parte. Lo más importante es que la temática esté en agenda, que hablemos de esto, que la palabra gordoodio y los trastornos alimentarios empiecen a cobrar protagonismo», indica Lavia y finaliza: «Tenemos que empezar a entender que las personas somos mucho más que los tamaños de nuestros cuerpos y que la salud integral es mucho más importante que el peso y estos debates sirven mucho para concientizar».